Más muñecas «adultas» Shibari II

Sí, cuando doble la primera de estas muñecas ya amanecé con que habría más. He tardado, pero he cumplido mis amenazas. Aquí va la segunda muñeca de la serie

Hice una primera muñeca Shibari que ahora vive feliz en Asturias, y pero me quedé con las ganas de hacer más.

Como ya os conté en la entrada de la primera muñeca, Shibari es el acto de la atadura y kinbaku el arte de saber atar.

Todo este tema de las ataduras japonesas procede de un arte marcial japonés del siglo XVI, el hojojutsu, que consistía en inmovilizar a los prisioneros por medio de cuerdas. Más tarde, en el periodo Edo, inmovilizar así  era una de las 18 habilidades necesarias para un samurai. No, no me se las otras 17, pero investigaré.

Para entonces, las técnicas de atado se habían refinado, llegando a usarse como tortura (presionando puntos concretos), incluso se cargaron de simbolismo: el tipo de ataduras con las que un prisionero era entregado al juez estaban definidas por su posición y clase social.

Se desarrollaron técnicas muy precisas para lograr este fin (a veces cada comunidad rural y cada familia de samuráis tenía las suyas); de modo que al exponer en la plaza pública al prisionero maniatado o colgado, la gente podía observar: la forma de las ligaduras y el tipo de cuerda, deducir la clase social del reo, el crimen que se le imputaba y a veces, también, su edad y profesión; pero siempre debía seguir tres normas:

  • El prisionero no debía sufrir daños permanentes
  • Debía ser imposible escapar.
  • Nadire que no perteneciese a esa clase social debía presenciar la técnica del atado.

Aún hoy en día, la policía nipona sigue practicando algunas de estas técnicas.

Aunque al mencionar el Shibari sólo se piensa en un entorno erótico no fue hasta el XIX cuando aparece el concepto de Kinbaku, donde Ito Seiyu retomó esta práctica militar dándole una aplicación más carnal.

Después de este repaso histórico- erótico, ¿hablemos de muñecas?

¿Por qué he atado una muñeca? Qué se yo. Encuentro un placer especial al saltarme las normas clásicas, y de vez en cuando necesito hacer muñecas diferentes. No hay nada malo en doblar muñecas tradicionales… pero de vez en cuando se necesita un yokai, un esqueleto nada japonés o algo de picante… como esta muñeca.

Me las imagino en una estancia intima , con tatamis y una decoración japonesa exquisita. por eso les pinto un pequeño sumi-e en un kakaeyiku para que las acompañe. Si a la primera que doble le pinté un bambu, esta vez un mini ciruelo. Y os diré una cosa. No hay dos sin tres. Quizás debería empezar a pintar unas mini orquídeas para la siguiente shibari.

Por ahora no le he elegido en que fondo debería colocarla, pero como aun no tiene dueño, lo va a elegir quien la adopte

M. Clover

Este blog no secuestra fotos en contra de su voluntad. Soy la autora de cualquier imagen que encuentres en él . En el caso de que la foto no sea mía, contará con el permiso del autor (o con una licencia creative commons) y estará enlazada con su origen y referenciado su autor. Mis gatas han sido adecuadamente retribuidas con latitas por sus posados para esta entrada

M. Clover

Mientras en instagram….

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